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“Cuando triunfó la revolución la mayoría de combatientes del FSLN de la ciudad dejan solo el campo y se preocupan más por el dinero. El dinero lo hace pensar mal a uno”.

Apolonio Martínez, el ex guerrillero que luchó al lado de Carlos Fonseca, fundador del FSLN, muestra su pensamiento revolucionario a través de la presente entrevista, que refleja con añoranza su pasado cargado de utopías. Habla sobre la mística que inspiró el sandinismo en sus miembros y la posterior pérdida de esos valores; analiza la falta de formación de la verdadera historia de la revolución a la juventud; y reflexiona sobre cómo el dinero distanció a sus compañeros de lucha.

Tiene 69 años. Está muy enfermo, tiene que hacerse una diálisis semanal por la insuficiencia renal que padece. Recibe una pensión de un poco más tres mil córdobas con los que debe ajustar para comer, pagar su cuarto en Managua y las medicinas que no le cubre el seguro.

Conocido con el seudónimo de El Puma, en la guerrilla, se sumó al entonces movimiento armado Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, a la edad de 14 años en 1962, un año después de fundado ese grupo revolucionario clandestino que surgió para derrocar a la dinastía de la familia Somoza, que gobernó Nicaragua durante 45 años (1934-1979), y para instaurar un proyecto político de justicia social.

Fue guerrillero durante 13 años; estuvo preso y torturado por el somocismo tres años y salió libre luego de asalto al Palacio Nacional, en el que sesionaban diputados del somocismo y ejecutado por el comando del FSLN “Rigoberto López Pérez” en 1978, lográndose con este operativo, la liberación de 50 presos políticos, su salida a Cuba junto a los 30 guerrilleros que ejecutaron la acción y la entrega de medio millón de dólares;  y combatió a la contrarrevolución durante los años 80 hasta que una bomba acabó con parte de su cuerpo en combate.

Por defender su lucha y los ideales del sandinismo, como muchos de su generación, perdió a su compañera en combate; participó en operativos exitosos como la toma del cuartel de San Carlos, cuando 60 guerrilleros hicieron rendirse a 600 guardias; estuvo en combates que fueron encarnecidos, en los que murieron centenares de sus compañeros, “nosotros regamos sangre como usted no se imagina”, rememora; fue torturado mientras estuvo preso y quedó con complicaciones de salud hasta la fecha producto de una bomba que cayó sobre él cuando combatía  a la contrarrevolución a finales de los años 80.

Hoy vive solo, cuidando de su enfermedad crónica, pero todavía dedica tiempo para reunirse con sus compañeros de lucha que viven en las mismas condiciones que él en su Matagalpa natal para hablar sobre su pasión: Qué fue y qué será del sandinismo.

Esta es la versión “de los olvidados” sobre lo que pasa en el sandinismo de base, miembros de un partido en el que sus integrantes siempre provinieron de los más diversos orígenes de clase, y que así como se propusieron en sus ideales luchar en contra de la explotación de los oprimidos, una vez en el poder, sus máximos dirigentes regresaron a su origen privilegiado citadino, sin cambios en su manera de vivir y dejando solos a muchos pobres del campo y de la ciudad a quienes una vez conquistaron con su discurso de “igualdad”.

En este diálogo franco y abierto Apolonio narra para Gatonegroni, su mirada de lo que ocurrió y ocurre en el FSLN de hoy. Mucho se ha dicho del FSLN sobre la distancia del discurso revolucionario y su práctica burguesa, de parte de analistas, políticos, adversarios, detractores; pero lo que diferencia esta vez es la reflexión y nostalgia expresada por un veterano de guerra, quien luchó por superar la explotación en la que vivía y hoy vive como cualquier oprimido.

Apolonio, cuéntenos sobre cómo reaccionaban los campesinos, cuando ustedes, los del FSLN trataban de convencerles para sumarse a la lucha contra la dictadura y por la instauración de un modelo de gobierno que velaría por sus intereses

El campesinado es un ser muy humilde, muy tranquilo. Si uno le cae bien, le habla bien, lo trata bien, es bueno; pero si alguien le cae mal, se puede volver malo. Nosotros, los que sobrevivimos en la montaña fue por el apoyo de la gente buena del campo.

Sobrevivimos años en las montañas del norte de Nicaragua, convenciendo a los campesinos, diciéndoles que luchábamos contra la dictadura somocista, que violaba a sus mujeres, que mataba a sus compañeros, que los niños estaban llenos de parásitos, que las mujeres estaban enfermas y que morían de pura calamidad, de pura pobreza, la mayor pobreza que había en Nicaragua; entonces decían todos los campesinos: sí, es cierto porque aquí nosotros no tenemos nada.

En las montañas del norte del país, en Waslala, Matagalpa, teníamos que caminar casi un día para llegar de una casa a otra en esas montañas y poder hacer base social con los campesinos, decirles:  mire compañero ayúdame,  les regalábamos pan, comida y empezábamos a trabajar con ellos. Al compañero que convencíamos nos ayudaba a hacer contactos con otros campesinos y así se fueron haciendo más grandes las filas guerrilleras.

Convencíamos a la gente de que nosotros luchábamos por mejorar la vida de la gente más pobre, incluíamos temas como los bajos salarios, las condiciones de explotación en la que vivíamos, temas concretos pues. Las mujeres tenían salarios de miseria en el campo y los hombres apenas ganaban dos córdobas con cincuenta centavos por 12 horas de trabajo al día.

¿A usted cómo lo convencieron?

En un inicio la mayoría de guerrilleros eran de la ciudad, se entrenaban en las montañas del norte. La mayoría eran universitarios, nosotros fuimos reclutados por ellos. En mi caso, yo era un muchacho de 14 cuando, me encontré con ellos y me pidieron que les llevara comida y así fui acercándome y escuchando lo que Carlos Fonseca nos decía: que luchaban para que todos fuéramos iguales. Me decía: si yo tengo una mesa, vos tenés que tener una también, si yo tengo estudios, vos también debés tener estudios y así me fui concientizando.

También, vengo de una familia que peleó con Sandino y a mi papá lo mató la guardia.

El FSLN se identificaba como un movimiento armado, revolucionario, que profesaba principios de igualdad sobre la base de demostrar en la práctica, sus valores, su mística ¿Qué ocurrió, en la práctica, después del triunfo de la revolución en julio de 1979 con esos valores que se destacaban como parte intrínseca de ese movimiento?

Cuando triunfa la revolución, la mayoría de combatientes de la ciudad dejan solo el campo y se preocupan más por el dinero. Usted sabe que el dinero lo hace pensar mal a uno. Ellos dijeron, no podemos seguir así, tenemos que buscar dinero y se olvidaron de todos los compañeros guerrilleros que anduvieron luchando.

La mayoría de los compañeros que dirigieron el FSLN se olvidaron que una buena parte de los guerrilleros que se sumaron a este movimiento fueron los campesinos. Los primeros que apoyaron al FSN con las armas y como base social, fueron los campesinos.

Si bien hubo base social en las ciudades posteriormente, la reliquia de la revolución es el campesinado. Hay muchos compañeros que todavía existen y están en la más terrible pobreza y el Frente no se acuerda de nadie, no nos toman en cuenta para nada.

¿Cree usted que es posible recuperar la esencia de los valores de reivindicación social del FSLN con los que conquistó a su base social en el campo?

Ese legado se reconstruye diciéndole a los profesores, a los maestros que enseñen a la juventud el camino de la revolución, que les digan qué fue lo que hizo el Frente Sandinista para hacer la revolución, sobre cómo sobrevivió tantos años en la montaña. Se tiene que recoger a todos los compañeros que están todavía con vida y decirles, “bueno hermano aquí tenés que hacer algo, vos sos parte de la revolución”.

Se puede reconstruir el FSLN, pero hay que luchar porque ahora casi la mayoría lo que busca es dinero. Ya no son los mismos. La mayoría dice “somos sandinistas”, pero hasta allí y yo digo que son burocráticos nada más, son sandinistas burocráticos. 

¿Qué es para usted ser sandinista?

Ser un sandinista, es tener principios, que muestra humildad en todo lo que hace, busca la amistad de todos los compañeros, la sinceridad de sus compañeros, decirles: mirá compañero aquí está esta tortilla y comámosla entre todos, eso se llama compañerismo, se llama mística revolucionaria, así éramos nosotros en las filas guerrilleras, eso es ser revolucionario: compartir, ser solidarios con todos, en esos valores descansaba la lucha, después no se pudo, nos distanciamos. El FSLN luchaba por los pobres, no por los ricos de este país.

¿Por qué cree que se distanciaron los sandinistas?

Se olvidaron hasta de “las mujeres del Cuá”; mire, ahí todavía hay una compañera del grupo de las mujeres del Cuá que era la esposa del comandante Francisco Hernández, a esa pobre le pasan  una pensión miserable; hay otra compañera de las mujeres del Cuá, lo mismo, pobrecita está hecha paste, nadie dice o el gobierno que diga, “vamos a buscar a esta gente”, no lo dicen, ni la compañera Rosario dice: busquemos a esta gente, solo buscan gente joven, pero la juventud debe basarse y conocer el legado de la gente que hizo posible la revolución.

Las Mujeres del Cuá cobraron fama en los años 70, luego que Ernesto Cardenal les hiciera un poema que ensalzaba su lucha y denunciaba la brutal represión que sufrieron de parte del somocismo, por su colaboración al Frente Sandinista.

¿Usted estuvo preso durante la dictadura de Somoza?

Sí, yo caí preso después de un combate en el que mataron a René Tejada Peralta. Estábamos Teyo, así le decíamos a René, dos compañeros más y yo en un campamento en el monte, cuando, producto de que la guardia agarró al compañero campesino que nos pasaba la comida, nos rodearon y atacaron el campamento. Eso fue como en 1975. En ese combate mataron a René Tejada y miré, de ese compañero, serán casualidades, pero nadie se acuerda de él, nunca he oído decir su nombre y Teyo era un gran compañero.

Los hermanos René y David Tejada Peralta fueron famosos porque retaron el somocismo al desertar de la academia de la Guardia Nacional y se sumaron al movimiento estudiantil que luchaba contra la dictadura. El asesinato de David, conmocionó a la Nicaragua de finales de los 60 por la forma brutal en que fue liquidado por un guardia cercano al dictador Anastasio Somoza. Murió de tantas torturas y su cuerpo se dijo fue lanzado al cráter del volcán Masaya (una antigua caldera volcánica), según algunos y otros que fue enterrado en las ergástulas del Campo de Marte, lugar donde se practicaban las torturas más brutales de la dictadura de Somoza. Su muerte nunca fue esclarecida ni su asesino fue preso aunque fue juzgado por este delito.

Después de la muerte de su hermano, René se fue a la montaña a luchar al lado del Frente Sandinista. Estuvo siete años en el Frente Norte hasta que fue ultimado en ese combate en el que posteriormente caí preso. No es justo que a René ni siquiera se mencioné como el héroe que fue.

Nueve días después, de este combate, caí preso junto a otro compañero. Estuve en un hoyo encerrado 31 días, sin comer nada, sin dormir, sin beber agua, sin nada, nada; de ahí me sacaron hacia las celdas junto a otro compañero que se llamaba Rodolfo Amador Gallegos, a él yo lo había reclutado, era Juez de Mesta (informantes de la guardia somocista que ejercían como jueces en las comunidades rurales).

Como no podían sacarme nada de información sobre la guerrilla, agarraron a Rodolfo y nos carearon: mirá Apolonio, vos me dijiste que lucháramos contra la dictadura de Somoza, me dijo Rodolfo y yo tuve que decirle que sí, y me dice el guardia: aja vos sos uno de los buenos guerrilleros por eso te queremos vivo, ahora ya no te capeas y después nos echaron a un hoyo de vuelta y desgraciadamente no nos mataron ese día.

Al siguiente día, estábamos esperando la orden de matarnos, dentro del hoyo, cuando llegó un alto militar del ejército de Somoza y preguntó de mí ¿quién es Apodolio Martínez?, soy yo, le digo sentado dentro del hoyo porque ya estábamos que nos iban a piliar (matar) y le dice a sus subordinados: a estos hombres no los toqués, están en mano de coyoles, y le digo al otro compañero, cuando dicen “manos de coyoles , es que Somoza se dará el lujo de matarnos a nosotros en Managua, pero no lo hicieron así y nos enviaron a Jinotega, donde fuimos juzgados.

En Jinotega caímos en manos de Alesio Gutiérrez, un temido militar, famoso por asesinar a jóvenes del norte del país. Era un gran asesino, y me dice: así que vos sos el famoso Apolonio, tenía 10 años de perseguirte, al mejor guerrillero de todos los sandinistas, me dice, entonces, yo le dije hacé conmigo lo que vos querrás, pegame un tiro si querés; no hombre vos no mereces eso, me dice, vos mereces otra cosa, me hacía tortura psicológica, que me iba a volar (cortar) dedo por dedo, luego la mano…

¿Usted cree que valió la pena luchar y dar toda su juventud y su vida por la causa de la revolución?

Valió la pena porque mire, nosotros los que luchábamos era por sacar a la dictadura que estaba en el poder por tantos años, por los asesinatos de tantos compañeros campesinos, y lo logramos. Valió la pena cambiar a la guardia de Somoza por el Ejército de la revolución, valió la pena todo lo que hicimos. Regamos sangre como usted no se imagina.

Después del triunfo, ya en el ejército combatía a la contrarrevolución y estuve tres años como un cadáver, vacío, sin tripa, producto de un combate con la contra.

La mayoría de compañeros que lucharon por este país están muertos. Los que estamos con vida, todos nos conocemos, por eso mis compañeros viejos y yo decimos: el Frente tiene que tomar la iniciativa de buscar a la gente que luchó y que está hecha paste (calamidad) en las montañas; esos pobrecitos a duras penas tienen para comer tortillas. 

¿Usted se reúne con sus compañeros de lucha?

Nosotros nos reunimos y hablamos de la mística revolucionaria, del trayecto de la revolución, del por qué luchamos y por qué vivimos y qué fue lo que logramos; y lo que logramos fue la derrota del gobierno de Somoza, pero las grandes contradicciones y la pobreza siguen Igual.

Carlos Fonseca era bien claro, nos decía que luchamos por la igualdad del hombre por el hombre, no por la desigualdad, luchamos porque las mujeres fueran iguales, que tuvieran los mismos derechos que el hombre, eso era por lo que luchaba Carlos Fonseca.

En su plan de lucha, publicado en 1968, el FSLN tenía como uno de sus principales postulados la “emancipación de la mujer”. 

Carlos nos decía que teníamos que luchar hasta derrotar la dictadura y que tome el poder el proletariado, los campesinos, los humildes: no luchamos para que tengamos un grupo de gente nada más adinerada allá arriba y el resto en la suma pobreza, por eso no luchamos, luchamos por la igualdad de todos los hombres y mujeres.

No estamos pidiendo nada, luchamos para rescatar nuestros derechos como pueblo marginado. Yo nunca le he pedido nada a alguien, pero como yo, muchos tenemos derechos ganados y ese derecho no se lo puede violar nadie a un guerrillero. Luchamos para vivir mejor, para que no se viera esta pobreza, por el derecho a una vida digna, por ese derecho fundamental es por el cual nosotros luchamos.

También tenemos que reconocer que este gobierno de Daniel es el único que ha hecho algo por Nicaragua. Hay carreteras por todos lados, casas maternas por todos lados, hay centros de salud por todos lados, agua potable, pero no se llega a concretar un proyecto verdaderamente revolucionario, con propuestas integrales, con políticas sociales que saquen a la gente de la pobreza y se cumpla el sueño de los que dieron la vida por tener una vida digna para toda la gente. El sandinismo, está dividido y debe unirse para sacar el país adelante.

Al ver esto, con mis compañeros de lucha, decíamos el otro día, entre nosotros, si no los unimos nosotros los sandinistas, ¿quién nos unirá?

Los guerrilleros que anduvimos tantos años luchando, que recibimos charlas del comandante Carlos, todos saben que la revolución no es lo que estamos viviendo, porque la revolución debe descansar en el pueblo revolucionario.

No es en el comandante Daniel ni en doña Rosario donde descansa el poder, es el pueblo el que tiene que tener el poder para sobrevivir, para que el campesinado tome el poder en las montañas del norte de Nicaragua, para que todos tengamos las mismas oportunidades de estudio, de trabajo, esa era la doctrina sandinista, pero ahora estos estos ideales son ignorados. La pobreza de la mayoría de la gente no se ha superado y no será superada porque entre más días pasan, más distancia vemos entre el gobierno y la gente; mas distancias de clases también.