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Recesión laboral en Zonas Francas

Alba Ortiz fue despedida de su empleo igual que otros 10,000 nicaragüenses que trabajaban para el régimen de Zonas Francas. Estos despidos han ocurrido en los últimos 15 meses, a partir de la crisis socio política que vive el país desde abril de 2018, y son el efecto tangible del desmoronamiento que poco a poco azota a la frágil economía nicaragüense. Alba es una joven que cifró sus esperanzas en su empleo, que aunque muy poco remunerado le permitía proveerse el sustento diario. También su esposo Juan, perdió el empleo que tenía. “Ahora estamos muy preocupados, mi compañero y yo hemos intentado conseguir empleo en otra Zona Franca, pero nos han dicho que esperemos hasta que la situación se mejore en Nicaragua”, asegura esta mujer cuyo rostro denota frustración y desesperanza.

Nicaragua es el segundo país más pobre del continente, y el sostenimiento de miles de hogares cargan sobre los hombros de las mujeres: se estima que al menos el 40 por ciento las mujeres son “jefas de familia”, y uno de sus principales empleadores en las últimas décadas lo constituyen las Zonas Francas, en donde el trabajo es poco remunerado, los obreros devengan un salario mínimo, el más bajo de Centroamérica, y soportan difíciles –pésimas, en realidad- condiciones laborales que no cumplen con los requerimientos mínimos de la Organización Internacional del Trabajo, OIT. Las enfermedades, las malas condiciones higiénicas sanitarias y de seguridad ocupacional, los malos tratos y ahora los despidos, se suman a la larga lista de problemas que enfrentan las trabajadoras.

El desempleo constituye actualmente el mayor problema y es causado principalmente por la crisis sociopolítica que desde abril de 2018 enfrenta el país. Crisis que el gobierno del presidente Daniel Ortega y su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, dispararon ejerciendo una represión brutal que ha dejado más de 325 muertos, unos 2,000 heridos, más de 800 prisioneros políticos, cerca de 70,000 exiliados, y la pérdida de unos 400,000 empleos, según cifras extraoficiales.

Alba y Juan dicen estar muy preocupados, y hasta desesperados, porque desde ya enfrentan una difícil situación económica pese a que el despido de ambos fue reciente y pudieron comprar algunos alimentos básicos, los que ya están casi agotados. «Estoy tratando de hacer algún dinero con la venta de bisuterías. Por ahora es mi única esperanza para no morirme de hambre, con mucho esfuerzo he podido vender un poco, pero veo que casi todos en este país estamos igual, sin dinero y sin empleo».

Alba, que trabajó dos años y medio, explica que fue un tiempo que le permitió adquirir algunas cosas de primera necesidad para su hogar con el apoyo de Juan. “Hicimos el sacrificio para comprar algunos electrodomésticos como un televisor, una licuadora, una plancha y un equipo de sonido, que estamos pensando vender si es necesario para sobrevivir”, dice apesarada.

Las inversiones en Zonas Francas en Nicaragua, principalmente en el sector textil y confección alcanzaron importantes cifras en los últimos años, que permitieron la creación de más de 125,000 empleos, según cifras oficiales. Los inversionistas se sintieron atraídos y motivados por las diferentes ventajas comparativas que el país ofrecía como una abundante mano de obra barata, el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (principal destino de las exportaciones), la posición geográfica privilegiada, leyes a la medida de los inversionistas, aunque no de los trabajadores, y la existencia de sindicatos afines al partido gobernante que garantizan el control de los trabajadores sin derecho a huelgas y sometidos a un estricto control disciplinario, entre otras desventajas laborales.

La crisis socio política que ha permeado este sector y a otros sectores económicos, ha empujado a las empresas a realizar miles de despidos, aunque las cifras difieren de una fuente a otra. El Banco Central de Nicaragua, BCN, estima que únicamente en los dos primeros meses del año al menos 1,697 empleos se perdieron. Por su parte Dean García, director ejecutivo de la Asociación Nicaragüense de la Industria Textil y de la Confección (Anitec), estima que se han perdido unos 3,000 puestos de trabajo, aunque ambas cifras no coincidan con los datos reales.

García afirma que actualmente existen unos 115,000 trabajadores y antes de la crisis se afirmaba que había 125,000 trabajadores. El año pasado, las exportaciones bajo el régimen de zona franca de textil y confección cerraron en 1,630 millones de dólares.

En el país operaban unas 224 empresas bajo este régimen, las que se redujeron a 117 en 2019, éstas se dividen en los siguientes sectores: agroindustria, arneses, automotrices, servicios tercerizados, tabaco, textil, insumos médicos y productos de metal, ensamble, joyas, bolsas plásticas, entre otras. Un 90 por ciento de las inversiones en Zonas Francas son extranjeras. La mayoría de ellas se ubican en los departamentos de Managua, seguido de Estelí, Masaya; Chinandega, Granada, León, Carazo, Matagalpa, Madriz, Rivas, la RAAS y Nueva Segovia. Los inversionistas son principalmente de Estados Unidos, Taiwán, Corea y México y Honduras.

«Todo va a depender de cómo evolucione el ambiente de negocios y la estabilidad económica y política de Nicaragua. El problema ahorita es la incertidumbre. Aunque hay cierta normalidad, afuera ven una incertidumbre, que no les da una visión clara de cómo va a terminar esto», opinó Dean García.

Aunque para García ninguna Zona Franca ha cerrado operaciones, sus volúmenes han bajado hasta un cuatro por ciento en relación al junio del 2018, mes con la menor producción en los últimos años, señalando que los bajos volúmenes de producción se han compensado con la mejora de los precios en las prendas de vestir. No obstante, se conoció que hay Zonas Francas que han cerrados algunas líneas de producción por lo que han despedido o enviado de vacaciones al resto de empleados.

El sindicalista oficialista Miguel Ruiz justifica los despidos por la baja demanda de algunas marcas. «Toda esta producción de la industria de maquila y textil fundamentalmente su mercado es el norteamericano y al bajar la demanda de marcas como Nex Leve, Bella, Gildan y Undelamor, las maquilas deben reducir su personal y eso es lo que ha estado pasando», dice Ruiz.

No sé qué voy hacer, esto es desesperante

Tras laborar 19 años en una zona franca, Soraya Rodríguez fue despedida y ahora dice estar muy preocupada por la situación difícil que está viviendo junta a su hija, de la cual es el único sustento.

«Aunque no ganaba un buen salario, nos daba para el sustento diario, al menos lo básico, y algunas veces podíamos darnos unos ‘pequeños gustitos’. Es cierto en las Zonas Francas nos explotan con los bajos salarios, además de las pésimas condiciones en las que se trabaja, pero al menos tenía ese empleo. Ahora con lo difícil que es encontrar un trabajo en este país, no sé qué voy hacer, esto es desesperante», asegura Soraya y añade que para completar los gastos en su hogar, vendía ropa a sus compañeros de trabajo. Ahora espera continuar haciéndolo para obtener algunos ingresos que le permitan sobrevivir junto a su hija, aunque se muestra poca optimista con su pequeño emprendimiento por la difícil situación económica que atraviesa el país.

Eternas condiciones deplorables

La falta de condiciones de higiene sanitaria y seguridad ocupacional es un grave problema que afecta la salud de las trabajadoras y trabajadores de zona franca. «Hay enfermedades respiratorias por la pelusa que despiden los tejidos, existen problemas de salud por los movimientos repetitivos (túnel del carpo) tendinitis y lo que se denomina manguito rosado, hay problemas de columna por la falta de espacios ergonómicos donde se ejecutan las operaciones», asegura Silvio Iván Narváez del Movimiento de Mujeres María Elena Cuadra.

«En general quienes pasan de 40 años, y con 15 y 20 de laborar, padecen más de una enfermedad causada por el trabajo en las zonas francas. El problema es que no se cumple con lo establecido de tener clínicas con médicos especialistas que atiendan a los trabajadores, lo que hay es generalmente una enfermera, todo esto contribuye a que los problemas de salud se incrementen cada vez más», explica Narváez.

Ante la falta de condiciones, el funcionario dice que los trabajadores deben llevar su agua potable, papel higiénico, sus propias mascarillas, además, les toca hacer sus necesidades fisiológicas en condiciones poco higiénicas y acostumbrarse a ir, pocas, o una solo vez al sanitario.

Se sabe que las zonas francas solo dejan al país los empleos que generan ya que operan libres de impuestos. Con el paso de los años dejará al país miles de extrabajadores con daños irreversibles en su salud, estima Narváez.

A pesar de ese escenario futuro, las zonas francas siguen siendo la única alternativa de empleo para centenares de mujeres con bajo nivel académico, quienes pese a los sueldos bajos y a las condiciones deplorables, constituyen una esperanza de continuar empleadas.

Soraya Rodríguez dice que extraña su trabajo de muchos años en Zona Franca, donde llegó a ser supervisora en la empresa Rooshingco Nicaragua, pero lo que más extraña es el salario que recibía quincenalmente. «Es duro para una persona no tener empleo, es frustrante no tener un ingreso fijo. Es vivir sin esperanza», dice este jefe de hogar.

Soraya Rodríguez dice que extraña su trabajo de muchos años en Zona Franca, donde llegó a ser supervisora en la empresa Rooshingco Nicaragua, pero lo que más extraña es el salario que recibía quincenalmente. «Es duro para una persona no tener empleo, es frustrante no tener un ingreso fijo. Es vivir sin esperanza», dice este jefe de hogar.

Hombres, ¿son más productivos?

Los empleos en las Zonas Francas en un inicio eran ocupados en su mayoría por mujeres. En la actualidad, esa realidad está cambiando, «ahora se prefiere a los hombres porque son más productivos», según dijo un sindicalista que pidió omitir su nombre en este artículo.

Antes no era común ver operarios varones, pero ahora, cada vez más, esta situación está cambiando y marca una clara discriminación de género que afecta a las mujeres. «Parece que el problema es que ahora los empresarios piensan que las mujeres salen embarazadas frecuentemente y pierden mucho tiempo ya sea de subsidio o en el cuido de sus hijos, no así los hombres que se enferman menos y no pierden tiempo por cuidar a sus hijos», expresa la fuente.

En algunas zonas francas se mantiene aún una mayoría de mujeres, según estima Dean García de ANITEC. Actualmente existe un 55 por ciento de mujeres, sin embargo, este porcentaje tiende a la baja y, por el contrario, hay tendencia a aumentar el contrato de hombres.

«Nosotros estimamos que existe un 50 y 50 por ciento», según explica una fuente del Movimiento de Mujeres María Elena Cuadra, organización dedicada a la atención y apoyo de las trabajadoras de Zonas Francas, a la que suele recurrir las mujeres ante el desamparo sindical.

Sindicatos cobradores y blandos

Se sondeó a una muestra de trabajadoras y trabajadores y se constató que el papel de los sindicatos es principalmente tutelar y recomendar a sus afiliados para que la empresa haga préstamos de entre 250,000 y mil córdobas, una o dos veces al año. Cada afiliado al sindicato debe pagar 20 córdobas mensuales.

«Lo que yo he visto es que además de prestar una poca cantidad de dinero, que es de la empresa, es dar una taza de porcelana el día de las madres y una el día del padre, y dar un sándwich y una bebida gaseosa cuando hacen asamblea una vez al año, porque ya ni elecciones hacen», dijo Marcia Rojas, ex trabajadora de una zona franca.

Asimismo, las centrales obreras ligadas al partido de gobierno aprueban cada dos años un incremento del ocho por ciento del salario mínimo equivalentes en la actualidad a 5,600 córdobas (menos de US 170 dólares), eso como parte de lo que se denomina como acuerdo tripartido.

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