Un periodismo para resistir

Aprovechamos la presentación oficial de la página de Gatonegroni.com para contarles de qué va este nuevo proyecto periodístico. En tiempos de certezas y burbujas virtuales creemos más necesario que nunca hacer periodismo. Y por periodismo entendemos ese oficio que recoge información, que investiga hechos, que cuestiona al poder y a los poderosos, que interpreta y … Leer más

Confesiones en la acera del Zumen*

Una mujer de 27 años busca trabajo en Managua y no encuentra. Busca, sobre todo, contar lo que nadie le ha advirtió que le pasaría cuando intentara sobrevivir: que le quedarían debiendo dinero en un call center, que un jefe la acosaría, y que iba a descubrir, pero al mismo tiempo esconder de su familia, su bisexualidad.

Amalia Morales

A los pocos minutos de poner el letrero: “Vení. Contá. Escucho historias”, a escasos metros de la parada del Zumen, al lado del Centro Cívico, se acerca una muchacha que trae unas enormes gafas que le tapan la mitad de la cara. Viste jeans, camisa verde polo, que le da cierto aire ejecutivo. Calza tenis. Le cuelga un bolso en el hombro derecho y trae un folder en la mano izquierda, se planta y pregunta que ¿qué es y para que es esto? Le contesto que se trata de un ejercicio periodístico de escuchar historias que la gente espontáneamente quiera contar. Sin rodeos se sienta y dice: “pues yo quiero contar mi historia”. Se destapa la cara, se pone las gafas como aro en el pelo planchado, y deja ver sus hermosos y ansiosos ojos. A partir de ahí la grabadora va a registrar 78 minutos de plática. Casi un monólogo, con una espectadora, la periodista, que a veces interrumpe para agregar un comentario, preguntar u ofrecer sorbos de agua que ayudarán a diluir los nudos en la garganta que ahogan y entrecortan la voz a esta mujer de 27 años que esta mañana de octubre, en esta acera de trámite, contará lo que nunca le ha contado a nadie.

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Radical libre

 

Amalia Morales

Voy a cumplir 42 años, y no tengo hijos. Ya no los tuve, suelo decir con seguridad. Ese:  “no vas a tener quién te pase ni un vaso de agua cuando estés vieja”, que me han dicho tantos, comenzando por mi mama, no me ha desvelado hasta ahora. Tener hijos no fue mi sueño ni cuando tenía 20 años. Nunca estuvo en el repertorio de promesas que habré hecho en mis febriles arrebatos amorosos.

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