El zancudismo residual de Ciudadanos por la Libertad: impasibilidad ante los arrestos


Que la democracia nicaragüense no es una belleza era algo sabido y proclamado desde hace muchas lunas. Lo que no sabíamos hasta ahora es que nuestra democracia se mueve entre dos bellezas. Las tienen los dos principales partidos que se enfrentarán en las elecciones de noviembre. El FSLN consiguió la suya cuando Juan Carlos Ortega, el segundo en la línea de sucesión al trono después de Rosario Murillo, se divorció y contrajo nuevas nupcias con Xiomara Blandino, Miss Nicaragua 2007. El destino de esta chica y el de Ortega quedaron unidos desde entonces por un alineamiento favorable de los astros: ambos coronaron sus sueños el mismo año. Los vaticinios de una vieja sibila y la intempestiva visita de Carlos Fonseca Amador a su lecho conyugal son el alfa y el omega de esa trayectoria.

Con su habitual olfato estratégico y sentido de oportunidad, Kitty Monterrey atacó belleza con belleza y eligió a Berenice Quezada, Miss Nicaragua 2017, como candidata a vicepresidente del partido Ciudadanos por la Libertad (CxL), dándoles un papirotazo para que se apartaran –o castigándolos con el látigo de su silencio- a otros candidatos y candidatas más avezadas en política. Cuando todo parecía indicar que para justificar la selección de Arturo Cruz junior como candidato de CxL se pediría como mínimo un doctorado en Oxford, Monterrey se dio por satisfecha con un título de reina de belleza. “Con el candidato que quede, con ese nos vamos a enfrentar a Ortega”, dijo Monterrey, dejándonos con los ojos como platos y expectantes. Tras el arresto del coraje, el compromiso social, el análisis agudo, la experiencia gerencial, el feminismo, el liderazgo campesino y la libertad de prensa, quedó la belleza. Y Monterrey la pescó al vuelo. Dicen que la ocasión la pintan calva, pero aquí en Nicaragua tiene cabellos largos y abundantes, o sea que fue más fácil de asir.

La diosa Ocasión tenía una larga cabellera por delante, pero era completamente calva por detrás. Por eso Kitty Monterrey se dio prisa. Los estrategas de Ortega se dieron más prisa y pronto encontraron un motivo para poner la belleza en confinamiento. La candidatura de Berenice fue anunciada el 28 de julio y su arresto domiciliar el 3 de agosto. Ahora no sabemos qué “queda” ni adónde se dirige CxL. A enfrentar a Ortega no se llega por esa vía. Con o sin belleza.

Basta un recuento de los méritos de las personas detenidas para que confirmemos qué es lo que Ortega teme: el cabildeo y las denuncias en los foros internacionales, los constructores de opinión pública y las organizaciones de base y otras de la sociedad civil. Ortega no teme a la belleza, pero Berenice tiene cierto nivel de popularidad y mostró una osada libertad de opinión. Cometió el error de manifestar sus simpatías por la rebelión de abril de 2018. No sabemos si ese fue el desliz que justificó su detención o el que en verdad lo provocó.

La relación de la belleza con el poder ha sido harto complicada desde la noche mitológica de los tiempos. La ninfa de montaña Eco solía distraer con su amena plática a la diosa Hera para dar tiempo a que huyeran las ninfas con las que Zeus se divertía. Cuando Hera descubrió el ardid de Eco y su marido Zeus, privó a Eco de expresión propia y la condenó a solo repetir las palabras de otros. La duda es si Berenice Quezada escapó al mito o lo revivificó. Yo tenía la malévola sospecha de que repetiría las palabras de Monterrey, que la había colocado en tan prominente posición política por obra y gracia de un dedazo, saltándose las normativas del proceso de inscripción abierto a todas las candidaturas, las muy cacareadas primarias que CxL iba a promover, los debates públicos calificados por sesudos jueces y la sofisticada plataforma tecnológica. Si las circunstancias actuales son adversas a este tipo de mecanismos y por eso fueron descartados como inviables, no hay que lanzarse al extremo de mimetizar el método del sandinismo (sí, del sandinismo y no del orteguismo: porque ese fue el método en los años ochenta).

Pero Berenice dio a conocer lo que Monterrey nunca ha expresado: su involucramiento en la rebelión de abril, con lo cual sumó el compromiso político a su belleza, multiplicando su popularidad. “En Nicaragua –proclamó Berenice- las condiciones nunca han estado, las condiciones las pone el pueblo saliendo a votar, como lo ha hecho en las calles, como lo hicimos en 2018.” Si alguna vez Monterrey le pasó un guion, seguro que no fue ese.

Monterrey sigue imperturbable su camino. Se prepara para ganar perdiendo. No hace más que lanzar carnadas, a ver qué sucede. Si “quedan” hasta noviembre, bueno y santo, puesto que sus fórmulas perderán la presidencia, pero CxL ganará curules y dólares, y seguirá legalmente vivo, activo como interlocutor de la Embajada por antonomasia, los organismos internacionales o quien sea necesario cuando se abra la posibilidad de una transición. Si el sistema judicial las va engullendo a cuenta gotas o por pares, Monterrey continuará poniendo nuevas fichas mediante golpes de báculo que imitan los de su rival. Mala señal emite un partido membretado como “liberal”. Todo en aras de su estrategia de ganar perdiendo, sin importarle el precio que paguen sus piezas mientras CxL practica un zancudismo tácito y residual: prestarse a la farsa y tomar “lo que sea su voluntad”.