Nicaragua: los rostros de la resistencia


Lo que estalló en abril, no fue un enfrentamiento entre izquierda y derecha, entre revolucionarios e imperialistas y mucho menos, entre legitimistas y golpistas. En su esencia ésta fue una sublevación cívica, popular, autoconvocada producto de la indignación y el dolor.

Guadalupe Wallace Salinas

A mis amigas, andantes de muchas marchas. 

Amorosa cuidadora una y vocera de realidades silenciadas la otra.

Ellas saben quienes son

Guadalupe Wallace Salinas 

Abril 2020

Empecé a escribir este artículo en septiembre de 2018 con el título inicial de “Nicaragua: los rostros de la oposición”. Me costó todo este tiempo terminarlo. Al principio me decía que la tarea se alargaba por la vertiginosidad de los acontecimientos y la aparición incesante de nuevos rostros. Sin embargo con el tiempo me fui dando cuenta que me imponía una auto censura. Las conclusiones a las que estaba llegando me perturbaban y me parecía que podría terminar convirtiéndose en un flaco favor para el régimen. Desde hace un tiempo, pienso diferente.  Necesitamos más auto cuestionamiento como sociedad sobre los mitos que hemos construido. Solo así, encontraremos nuevos caminos. 

Desde abril 2018 a la fecha, Nicaragua exhibe cifras de una guerra civil: 651 asesinados, 4,922 heridos, 1,369 secuestrados y desaparecidos y 92,745 solicitantes de asilo en otros países, lo que para poner en contexto equivalen a 4,549 muertos en España, 50,438 heridos en Reino Unido, 3,950 desaparecidos en Chile y 141,391 solicitantes de asilo de Suecia.

[1] Informes ANPDH  septiembre 2019 y UNHCR, octubre 2019.

Desde el exterior, tal como lo señala el catedrático catalán Salvador Martí, Nicaragua suele ser leída en su permanente e inevitable relación con los Estados Unidos, como una piecita del tablero de la geopolítica internacional. Las principales referencias políticas sobre Nicaragua en el extranjero son el derrocamiento de Somoza, la revolución y el regreso al poder de Ortega y, provienen mayoritariamente de gente que conoció, estudió, se solidarizó o participó en alguno de estos hitos. 

Por estas razones a muchos simpatizantes de la imagen “revolucionaria” de Nicaragua en el exterior (y todavía de algunos dentro), sobre todo aquellos que tienen un lejano, poco o sesgado contacto con el país, les cuesta muchísimo entender que ni la revolución fue un proyecto que forjó plenamente al “hombre nuevo”, ni que desde 2007 vivíamos en una “segunda etapa” de la misma. 

También que lo que estalló en abril, no fue un enfrentamiento entre izquierda y derecha, entre revolucionarios e imperialistas y mucho menos, entre legitimistas y golpistas. Por eso algunos de sus análisis se quedan cortos, desfasados,  empantanados y resultan hasta contraproducentes para las causas que dicen defender.

Y por supuesto que en el escenario hay intereses geopolíticos y movimientos de distintos actores del llamado “imperialismo” y “derecha”, pero no definieron el origen y manifestaciones centrales de esta sublevación.

En su esencia, ésta fue una sublevación cívica, una sublevación popular, una sublevación auto convocada producto de la indignación y el dolor, para proteger derechos básicos: a manifestarse, a participar, a informarse, a la libertad, a la vida; para protestar por tantos agravios acumulados y para defenderse de una desmedida y brutal represión.

Cuando criticaron a estudiantes de los movimientos auto convocados en los meses posteriores, por haberse reunido con ARENA en el Salvador, o con la congresista republicana Ros-Lehtinen, no entendieron que así éstos tuvieran sus propias razones, fueron parte de los actores internacionales que estuvieron dispuestos a escuchar a los y las nicaragüenses y las historias de horror que viven desde abril 2018. 

Se reunieron con ARENA porque el FMLN no estuvo dispuesto a escucharlos. Porque forman parte de esa izquierda, que al igual que la reunida en el Foro de Sao Paulo, prefieren darle un espaldarazo a un dictador solo porque grita a los cuatro vientos que su carnet es de izquierda, sin importar los informes nacionales e internacionales de violaciones a derechos humanos. Sin importar su historial de corrupción, autoritarismo, represión y muerte.

¿Hacia dónde va a transitar este caudal humano que se levantó por Nicaragua y qué en algún momento, pareció haber borrado fronteras ideológicas, de edad, de clase social, localización, nivel educativo u ocupación? Sigo sin saberlo. Solo sé que se abrieron muchos diálogos al interior de las familias y la comunidad, muchas percataciones sobre lo que necesita ser cambiado en el comportamiento político de la sociedad nicaragüense y sobre los agravios que ya no están dispuestos a permitirle al poder. 

Los escenarios son múltiples y nada asegura el final feliz que muchos imaginan. Sin embargo lo que pasó en Nicaragua -al menos con fuerza hasta el Diálogo 2.0- fue inédito,  distinto, vibrante, esperanzador, plural y eso es lo que me interesa resaltar.

Como un homenaje interno y un acto de alfabetización externa,  a dos años del estallido de abril, he aquí los diversos y plurales rostros del movimiento auto convocado en Nicaragua: estudiantes, campesinos, jubilados, artistas, médicos, comunicadores, madres y padres de familia, defensores de derechos humanos, sacerdotes, comerciantes, emprendedores, ciudadanos y ciudadanas de a pie.  O mejor dicho: los rostros de la resistencia.

Introducción necesaria:  los detonantes de la sublevación

“Por conflictos (encendidos)

Entonces todo se enciende.  Algunos solo ven puro caos. Otros ven surgir, en fin, las formas mismas de un deseo de ser libres. Decir que “nos manifestamos” es comprobar –incluso para asombrarse por eso, incluso para no comprender – que algo surgió y  es decisivo. Pero habrá sido necesario un conflicto para esto.

De la exposición Sublevaciones. George Didi-Huberman. Museo Universitario de Arte Contemporáneo, CDMX, 24 de febrero a 29 de julio 2018

A estas alturas prácticamente todo el que esté genuinamente interesado sabe, es que las protestas significativas iniciaron por la RESPUESTA del régimen nicaragüense, a otras protestas contra unas reformas a la ley de seguridad social, realizadas por pensionados en la ciudad de León el día 18 de abril de 2018, que continuaron en la plaza comercial Camino de Oriente de la capital al día siguiente y a las que se sumaron activistas de organizaciones civiles, bajo la mirada de medios de comunicación. 

Estas últimas protestas, no fueron muy distintas a las que sistemáticamente diversos grupos de la sociedad nicaragüense venían realizando desde el regreso al poder de Ortega en 2007: pequeñas, espontáneas, duramente reprimidas por fuerzas ligadas al partido y bajo la mirada complaciente de la policía. 

Las imágenes  capturadas y transmitidas en televisión nacional, de ancianos vapuleados  y ensangrentados por defender los pocos pesos de una pensión ganada con años de trabajo, de mujeres a quienes sujetos cubiertos con cascos de motociclistas y camisetas de la juventud sandinista, pateaban y golpeaban con tubos y, de periodistas a quienes además de golpear, les robaban sus equipos,  provocaron una reacción principalmente en jóvenes universitarios, quienes el mismo 19 de abril por la noche, se dirigieron a Camino de Oriente, para sumarse a las protestas y, quienes luego tuvieron que moverse a las instalaciones de la Universidad Centroamericana, para protegerse ante nuevas oleadas de agresión. 

Por cierto, también eran jóvenes quienes unas semanas antes, habían protestado por el incendio en la reserva biológica Indio Maíz  y quienes 5 años atrás, habían creado el Movimiento Ocupa INSS para respaldar a los mismos pensionados en otra lucha y, quienes habían sido robados, golpeados y encarcelados por fuerzas para estatales sin que la policía, ni la misma sociedad en pleno reaccionara. 

Igual que una cuerda que se rompe por el exceso de tensión,  la tapa de una olla que salta por la presión almacenada, o la gota que termina por perforar la roca, la infame, arrogante y estúpida decisión de tirar a matar a los jóvenes que protestaban, fue el detonante de un levantamiento que cristalizó la indignación acumulada e hizo eco en las conciencias después de más de 11 años de agravios, represión, miedos, complicidades y silencios. 

El fenómeno fue viralizado por la velocidad y cobertura de las redes sociales y  de algunos medios de TV. Del estupor, la sociedad pasó al rechazo y a la protesta activa. No podía ser de otra manera, después de asistir atónitos a la ferocidad con que jóvenes atrincherados en universidades, jóvenes que pasaban agua a otros jóvenes o simplemente jóvenes que transitaban en los alrededores de las protestas, perdían sus ojos por balas de goma primero, y morían después por las balas de policías y francotiradores.  

La sal en la herida fue el silencio, la negación y hasta la contra acusación que vino con posterioridad por parte de la pareja presidencial, acusando a los manifestantes de “vampiros chupa sangre”, así como descalificarlos, amenazarlos y minimizarlos, acompañados primero del estado mayor del ejército y policía, de empresarios asiáticos de zonas francas y finalmente  de las ministras de su gabinete. Y es que como decía una pancarta que leí meses después, durante una de las manifestaciones azul y blanco en las calles de Managua: “Daniel, todo te perdonamos, excepto que mataras a nuestros chavalos”. ¿Y cómo no podía ser de otra manera, en un país donde el 50% de la población tiene menos de 24 años?

Los y las sublevadas

«Por gestos (intensos). Sublevarse es un gesto. Incluso antes de emprender y llevar a buen término una “acción” voluntaria y compartida, uno se subleva a partir de un simple gesto que,  de pronto, derriba el abatimiento que hasta entonces nos había hecho  padecer la sumisión (ya fuera por cobardía, cinismo o desesperación). Sublevarse es arrojar lejos el fardo que pesaba sobre nuestros hombros y nos impedía movernos. Es romper un determinado presente y levantar los brazos hacia un futuro que se abre. Es un signo de esperanza y de resistencia…Es un gesto y una emoción. En el gesto de sublevarse, cada cuerpo protesta con todos y cada uno de sus miembros. Cada boca se abre y exclama en el no, rechazo, y en el sí, deseo.”

Ibidem

Espoleadas por el horror, pero también por la indignación a causa de las muertes y la represión, las protestas continuaron y se ampliaron. Manifestaciones y peregrinaciones multitudinarias, atrincheramiento de estudiantes en las instalaciones de las universidades públicas, derribamiento o modificación de símbolos asociados al régimen como banderas del partido gobernante, árboles de la vida, rótulos gigantes de la pareja presidencial; tranques en más de 8 departamentos y 10 ciudades, así como en las principales vías de acceso nacional e internacional, entre otros, se produjeron durante fines de abril, mayo e inicios de junio de 2018.  En estos escenarios surgieron líderes espontáneos que las encabezaron: pobladores de barrios y ciudades del interior, estudiantes y campesinos.  Estos últimos sin embargo, venían ya de al menos 5 años y más de 93 marchas de protestas en contra de la llamada Ley anticanal.  En otros casos, se trataron de pequeños pero tenaces gestos como regalar agua, correr y bailar o manifestarse con claridad pasmosa durante el primer Diálogo Nacional, que les convirtieron en símbolos potentes de la sublevación y desobediencia y posterior blanco de asedio, persecución, encarcelamiento y en varios casos, la muerte.

Comandante Caperucita o Comandante Monimbó.

Poblador del barrio indígena del mismo nombre en el departamento de Masaya y tradicionalmente afín al sandinismo.

Famoso por sus declaraciones contundentes de rechazo al régimen en un video circulado por redes sociales durante las primeras protestas de abril.

Tuvo que exiliarse a Costa Rica debido a las amenazas recibidas por partidarios del régimen
(Imagen: De video Youtube)

Francisca Ramírez, doña Chica

Líder del movimiento campesino anticanal y rostro destacado durante las protestas antes y después de abril. Originaria de la comunidad La Fonseca del municipio de Nueva Guinea.

Ganadora del premio «Homo Homini» por su activismo a favor de los derechos humanos.
Tuvo que exiliarse en Costa Rica con varios miembros de su familia, después de repetidos ataques y amenazas a su integridad.
(Foto: La Prensa)

Don Alex, el maratonista azul y blanco

Dos días después que estallara la crisis, Don Alex Vanegas salió a correr por las calles de la capital con carteles alusivos a los asesinados.
65 muertos después, alguien lo viralizó en un video por redes sociales, convirtiéndose en un icono de las protestas.

Fue detenido 7 veces y permaneció 3 mes en prisión sin ningún juicio de por medio, donde declaró haber sido sujeto de malos tratos y torturas.

Su última detención fue un día después de haber sido excarcelado en febrero de 2019, por salir nuevamente a correr.
Días después decidió exiliarse en Costa Rica
(Foto: Oscar Navarrete, La Prensa)

Doña Coquito, la abuelita de los azul y blanco

Alcanzó notoriedad cuando regaló todas las bolsas de agua que vendía para subsistir a las personas que asistieron a la primera edición del diálogo con el régimen en mayo 2018.
Se mantuvo incansable en protestas posteriores, recibiendo la solidaridad y apoyo de muchos compatriotas. Fue violentamente apresada en septiembre de 2018 y liberada unas horas después, sin embargo debido al asedio permanente se exilió en marzo 2019 a Costa Rica para regresar recientemente.
(Foto: Carlos Herrera, Franklin Villavicencio / Niu)

Lesther Alemán


Joven estudiante de 20 años de comunicación social, se volvió una de las voces más visibles del primer intento de Diálogo Nacional con el régimen en mayo de 2018.

Sus palabras dichas con una profunda voz de barítono, resonarán en los oídos de muchos nicaragüenses como la primera vez en la historia que alguien le cantó las verdades en la cara al dictador de turno, su esposa y vicepresidente y buena parte de sus allegados más fieles: “Esta no es una mesa de diálogo. Es una mesa para negociar su salida… Ríndase ante todo este pueblo” le dijo, mientras también le exigía que ordenara el cese al fuego y la represión y le acusara de genocidio.

Después de pasar un tiempo en casas de seguridad salió al exilio por más de un año para regresar en octubre de 2019 y reintegrarse a la organización que se conformó a raíz del diálogo, conocida como Alianza Cívica.
(Foto: AP/ Alfredo Zuniga)

Medardo Mairena

Coordinador del movimiento campesino “Consejo por la Defensa de la Tierra, Lago y Soberanía”, conocido como movimiento anti canal, participó como su delegado en el primer Diálogo Nacional. Al igual que Lesther en representación de los estudiantes, dirigió duras y firmes palabras en reclamo de justicia y se sumó al pedido de renuncia de Ortega.
En julio de 2018 mientras se dirigía al extranjero para participar en una campaña de cabildeo, fue apresado en el aeropuerto junto con Pedro Mena, otro miembro del movimiento.

Condenado a 216 años de prisión (la condena más larga de todos los juicios espurios) permaneció 11 meses en prisión sometido a tortura física y psicológica. Fue liberado en junio de 2019 junto con otros prisioneros políticos, en virtud de una espuria Ley de Amnistía decretada por el régimen nicaragüense.

Se mantiene activo en la defensa de la situación de los campesinos, víctimas de ejecuciones extrajudiciales, sumando 101 muertos según un informe presentado ante el Secretario de Estado de estados Unidos en enero de este año.
(Foto: El Nuevo Diario, Nicaragua)

Irlanda Jerez

Odontóloga y comerciante. Fue detenida en julio 2018 como consecuencia de su campaña de “desobediencia civil” para no pagar impuestos en el Mercado Oriental, el mercado más grande del país.

En octubre de dicho año fue golpeada junto con otras presas políticas por hombres encapuchados que irrumpieron en su celda de la cárcel “La Esperanza”, en Tipitapa, al rehusarse a ser llevada a un interrogatorio con hombres armados no identificados. Ninguna de las prisioneras recibió atención médica.
Liberada en junio de 2019, durante su encarcelamiento, sus negocios fueron saqueados y confiscados, le quemaron propiedades, golpearon a su esposo y sus dos hijas salieron el exilio. Se mantiene activa cívicamente. (Foto y parte de información: frontlinedefenders.org)

Edwin Carcache

Líder del movimiento estudiantil 19 de Abril, uno de los 5 movimientos universitarios que participaron en el Diálogo 1.0, conocido por su activismo entusiasta durante las primeras manifestaciones, su sombrerito azul y blanco y su perenne sonrisa, fue encarcelado en septiembre de 2018 hasta junio 2019, convirtiéndose en uno de los presos políticos más visibles por su carisma.

Exiliado por un tiempo después de su liberación, regresó al país para integrarse al Consejo Político de la Alianza Cívica, al que renunció en dos ocasiones, la última en febrero de este año, mientras afirma que se mantendrá en las labores organizativas y políticas del movimiento estudiantil.
(Foto: Maje)

Doña Flor, la señora del huipil

o la bailarina patriótica

Costurera y predicadora evangélica de 63 años, decidió ponerse un huipil, como se llama al traje típico para bailar folklore en Nicaragua, como símbolo de protesta en la “Marcha de las Flores” en junio 2018. Símbolo incansable de posteriores manifestaciones, fue violentamente golpeada y apresada en septiembre de ese año mientras participaba en un plantón, acusada de terrorista. Ante la conmoción causada por el hecho fue puesta en libertad unas horas después pero el asedio continuó por lo que dejó de usar su traje.
(Foto: Despacho505)

Lady Vulgaraza

Youtuber por accidente, es conocida en redes sociales desde 2017, aunque su popularidad aumentó después de abril de 2018, cuando dejó de lado su activismo a favor del partido en el gobierno, para repudiar su actuación. “Lo mío no es política. La injusticia, la crueldad, la maldad me hizo abrir los ojos” afirmó en una entrevista al diario La Prensa en enero del 2019.
Con más de 230 mil seguidores es una de las influencer más conocidas del país. Ha sido agredida en numerosas ocasiones, la última vez en febrero de este año, retenida y citada a declarar ante la policía, a pesar de lo cual se mantiene activa en sus campaña contra el régimen.
(Foto: cuenta personal de Facebook)

Yubrank Suazo

Fundador y miembro destacado del Movimiento 19 de Abril de la ciudad de Masaya, conformado a raíz de las protestas en esta ciudad, se volvió junto con su familia, blanco de ataques del régimen, al punto que su casa y negocio familiar dedicado a la fabricación de hamacas fue quemado en julio del 2018.

Después de permanecer oculto por varios meses, fue apresado en septiembre de 2018, bajo acusaciones de terrorismo, entre otras, siendo maltratado durante su permanencia en prisión. Salió en junio de 2019 y en diciembre de ese año se integró a la Alianza Cívica.

Conocido por ser un bailarín de folklore apasionado, el recibimiento de sus familiares y amigos al ritmo de sones de marimba en su ciudad natal, al salir de la cárcel, fue uno de los tantos hermosos y conmovedores gestos que los nicaragüenses hemos presenciado. (Foto: Diario La Prensa, Nicaragua)

Victoria Obando

Reconocida activista por los derechos de la población trans y la diversidad sexual de Nicaragua y estudiante de la Universidad Nacional Autónoma, se organizó junto a jóvenes de su universidad para apoyar distintas formas de resistencia.

En agosto de 2018 fue secuestrada por la policía y grupos paramilitares en la ciudad de León, junto con seis jóvenes estudiantes más: Levis Rugama, Yaritza Mairena, Byron Corea, Juan Alvarado, Nahiroby Olivas y Luis Quiróz
Al igual que a otras personas transgénero fue objeto de tortura física y psicológica durante su permanencia en prisión. Fue excarcelada en junio de 2019 para salir después del país e interponer en nombre del movimiento LGBTI una denuncia por violación a los derechos humanos ante la OEA.

Se mantiene activa denunciando al régimen. En diciembre del año pasado recibió el “Premio Tulipán”, premio de Derechos Humanos Holandés para Centroamérica.
(Foto: Tania Narváez/ Nicaragua Investiga)

Carlos Brenes

Coronel en retiro de Ejército de Nicaragua
El ex coronel, originario del barro indígena de Monimbó y también ex guerrillero cuando la lucha contra Somoza, era considerado el brazo del derecho del hermano menor de Ortega.
Fue capturado en agosto de 2018 cuando se dirigía a Costa Rica a tratarse problemas de salud, acusado de crimen organizado, terrorismo y daño en perjuicio del estado, y sentenciado a 34 años, después que el 16 de mayo de ese año, leyera en una plaza pública de Masaya, un pronunciamiento en nombre de un grupo de militares en retiro, donde le exigían la salida al dictador. Desde antes de abril sin embargo, venía ejerciendo fuertes críticas contra la actuación del ejército y el gobierno.

Junto con Brenes, fueron aprisionados y sentenciados otros dos ex guerrilleros y militares en retiro, Tomás Maldonado y Alfonso Morazán, en actos considerados como venganza contra disidentes del partido. Fue liberado con la amnistía de junio 2019 y se encuentra exiliado en Costa Rica.
(Foto: Jader Flores/ La Prensa)

Los esposos Christian Fajardo y María Adilia Peralta

Empresario él y abogada ella, esta pareja de la ciudad de Masaya se involucraron activamente durante las protestas de abril.

Junto con Yubrank Suazo y otras personas, fundaron el Movimiento Cívico 19 de abril en su ciudad natal y propusieron la formación de una junta de gobierno municipal provisional
Su negocio familiar, el Hotel Masaya fue incendiado por turbas afines al régimen en junio del 2018. Ambos fueron capturados en julio cuando intentaban cruzar la frontera con Costa Rica por miembros del ejército y retenidos en una base militar, a pesar de contar con medidas cautelares por parte de la CIDH. Condenados a 37 y 42 años, María Adilia fue liberada en mayo de 2019 y Christian en junio.

Durante su estadía en prisión María Adilia participó en una huelga de hambre y recibió también la golpiza junto con otras prisioneras políticas por parte de hombres encapuchados.
Ambos se encuentran exiliados en los Estados Unidos.
(Foto: Cortesía, publicada en El Tiempo)

Nahiroby Olivas

Joven estudiante de derecho en la Universidad de León. Apasionado del ballet, la guitarra y estudiante sobresaliente, se integró al Movimiento 19 de Abril de esta ciudad después de presenciar los primeros asesinatos y hacer una defensa ferviente de la autonomía universitaria.

En agosto de 2018 fue secuestrado junto con Victoria Obando y 5 estudiantes más y fue acusado junto con Byron Estrada, estudiante de odontología de la misma universidad, de haber quemado el Centro Universitario de León.

Cumplió 19 años estando preso y salió después de 9 meses en junio de 2019. Famoso por su sonrisa y serenidad durante el juicio al que fue sometido, así como haber declarado que el pueblo de Nicaragua “no le debía nada” .
Después de su excarcelación fue constantemente asediado y hostigado junto con su familia, a pesar de contar con medidas cautelares de la CIDH, lo que le obligó a exiliarse en Estados Unidos
(Foto: Roberto Fonseca/La Prensa)

Amaya Coppens

Estudiante de medicina de la Universidad de León, de madre nicaragüense y padre belga, se convirtió en una dirigente destacada del Movimiento 19 de Abril en esta ciudad
Conocida como la “chavala de la eterna sonrisa” fue encarcelada en dos ocasiones, primero en septiembre del 2018 hasta junio del 2019 y nuevamente en noviembre de ese año, hasta diciembre, por llevar agua a madres de presos políticos que ayunaban en la iglesia de San Miguel en Masaya.

Debido a su doble nacionalidad, su caso recibió mucha atención de organismos y figuras internacionales, sin embargo se negó a salir del país. También fue parte de la huelga de hambre en la cárcel de mujeres “La Esperanza” y objeto de golpizas junto con otras prisioneras.

En marzo de este año recibió junto con 12 mujeres más, el Premio “Mujer de Coraje”, entregado cada año por el Departamento de Estado, de Estados Unidos. A En medio de constantes asedios y hostigamientos se mantiene activa en distintos espacios organizativos
(Foto: Elizabeth Romero/ Obrera de la tecla)

Las y los presos políticos

Aunque las cifras de personas apresadas por el régimen desde el inicio de las protestas varían según las épocas y las fuentes, en enero de 2019, el comité de apoyo para las familias de los detenidos, conocido como “Nicaragua Libre Sin Presxs Políticxs” registró y localizó 767 personas detenidas en condiciones arbitrarias y sin las garantías legales, acusados de cargos absurdos y sometidos en muchos casos a malos tratos, torturas y abuso sexual.
No obstante en virtud de varios procesos espurios, incluyendo un remedo de Ley de Amnistía, se hicieron varias excarcelaciones, en enero de este año se calculaba todavía al menos 65 reos de conciencia o prisioneros políticos en las cárceles del régimen. La gran mayoría jóvenes, provenientes de sectores populares y “culpables” de haber organizado actos de solidaridad, desobediencia o resistencia cívica. Maestros, basquetbolistas, un trío de hermanos artistas, cantantes del coro de una iglesia, periodistas, han sido parte de la larga galería de rostros e historias que han sacudido al país.

En febrero de este año, la CIDH demandó al régimen su excarcelación por los temores al contagio del Covid19.
(Imagen: Página de FB del Comité Pro Liberación de Presos Políticos)

Eddy Montes Praslin

Un caso especial dentro de los prisioneros políticos, fue el de Eddy Montes Praslin, empresario, pastor y abogado matagalpino, asesinado en la cárcel en mayo de 2019 en condiciones nunca aclaradas.

Muy apreciado por sus compañeros de
celda, su caso revivió la indignación y la atención por la situación en Nicaragua y su entierro se convirtió en una nueva protesta multitudinaria.
(Foto: Cortesía/ La Prensa)

Quienes marcharon

Entre abril y septiembre de 2018 en que fueron ilegalizadas, se produjeron centenas de marchas en las principales ciudades del país, así como en poblados más pequeños. Varias llegaron a contar con cientos de miles de participantes de todos los sectores posibles, y al menos dos de ellas, una en ocasión del día de las madres en mayo de 2018, fueron atacadas con armas de fuego, resultando en más asesinatos.

Después de su prohibición, se reemplazaron por plantones y piquetes exprés en distintos espacios públicos, incluyendo centros comerciales, teniendo siempre como resultado nuevas personas golpeadas, apresadas o desaparecidas.

Muchos de quienes marcharon, no solían participar en este tipo de actos, pero se llenaron de valentía y compromiso después de ser testigos de los acontecimientos, incluyendo algunos, que hasta ese momento apoyaban al gobierno o al partido sandinista.
(Foto:AFP

Las madres y asociaciones de familiares de las víctimas y presos políticos

Qué mayor sublevación que la del dolor de perder a un hijo, padre, esposo o hermano. No menos intenso de quienes esperan todavía por la libertad de sus seres queridos.

Varias asociaciones, comités y grupos de familiares o de apoyo se constituyeron en los días posteriores a abril en búsqueda de justicia para todos los casos, pero también para llevar consuelo y apoyo de distinto tipo. Las familias mismas suelen ser víctimas permanentes de asedio y hostigamiento policial o paramilitar en sus barrios, incluyendo la profanación de las tumbas de sus parientes, a pesar de lo cual resisten, resisten y resisten. Finalmente lo que queda firme es la rabia y la esperanza.
(Foto: Carlos Herrera/ Niu)

Las y los expresivos

Por palabras (exclamadas)
Los brazos se levantaron. Las bocas exclamaron. Ahora hacen falta palabras, hacen falta frases para decir, cantar, pensar, discutir, imprimir, transmitir la sublevación. Por eso “los poetas” se ubican por delante de la acción misma, como decía Rimbaud en tiempos de la Comuna…”Poética” no significa “lejos de la historia” sino más bien al contrario…Hay una poesía propia en la utilización de periódicos de papel y de las redes sociales. Hay una inteligencia particular- atenta a la forma- que es inherente a los libros de resistencia o de sublevaciones. Hasta que los muros mismos toman la palabra y ésta invita al espacio publico, al espacio sensible en su totalidad.”

Ibidem

Las reflexiones y sentimientos que sacudieron a la sociedad nicaragüense a partir de abril 2018 fueron totalmente congruentes con la gravedad de los hechos. Aún así, después de 11 años de eslóganes oficiales, letanías y sermones soporíferos, simbología pseudo esotérica, ramplonería y mediocridad informativa y de análisis, uniformidad en el discurso público, voces únicas autorizadas a hablar y zombi-guiones; fue pasmosa la explosión de creatividad, irreverencia, profundidad, poesía, color, autenticidad y emocionalidad, incluyendo el humor a ratos, con la que fueron inundados los espacios públicos, reales y virtuales para informar, denunciar y expresar el sacudón de ideas y emociones.

Dos grupos destacaron dentro de las y los “expresivos”: el de los artistas y el de los cronistas.

Las y los artistas

Aquí están los rostros, en su mayoría anónimos, de quienes crearon y compusieron piezas artísticas, en sus distintas manifestaciones, desde quienes inventaron, adaptaron o resignificaron consignas como la famosa “Patria Libre para Vivirla” o su versión feminista “Matria Libre para Vivirla”, “Democracia si, dictadura no” o dos de las más coreadas durante las numerosas marchas realizadas: “Eran estudiantes, no eran delincuentes” , “Ni perdón, ni olvido”. También de quienes llenaron las calles con pintas o grafitis, algunos escritos a toda prisa, o en forma más elaborada, en los muros, monumentos, rótulos publicitarios, mantas y pancartas, durante las manifestaciones y con las mostraron su repudio a la violencia y sus hechores, como aquella con el rostro de Ortega y el mensaje de “se busca asesino”, o la parodiada»¿Cuál es la ruta? ¡Que se vaya el hijo de p…!», así como en las que se rendían homenaje a los jóvenes asesinados. En esta misma categoría están también todos los fotógrafos, documentalistas, video grafos y artistas plásticos que tomaron fotos icónicas, filmaron documentales, compusieron videos (como los de la plataforma digital Los Minúsculos) o crearon cuadros, posters, dibujos, estatuas, para dar cuenta de lo vivido.

También están los hacedores de memes, que circularon (y circulan) profusamente por las redes sociales. Creadores como los de Chavalo Jodido, Perritos Vandálicos, Mapache Jambado, entre tantísimos otros anónimos, al igual que los talentosos caricaturistas Pedro X. Molina, Manuel Guillén, Cako, quienes nos mostraron que el humor, ironía e irreverencia, son también formas de desobedecer y resistir al poder. ¿Quién no recuerda por ejemplo, la campaña para prevenir de las Hilux de la Muerte o para rendir homenaje a la silla vandálica? A la par, nos hicieron un nudo en la garganta, nos llenaron el cuerpo de orgullo o nos hicieron saltar las lágrimas, con sus representaciones de la sublevación y sus actores.

Los músicos también han sido una voz prominente de la resistencia. Con canciones, que paradójicamente no debieron haberse escrito nunca, como “Heróes de Abril” de Jandir Rodríguez, convertida prácticamente en una especie de himno, pero también con la producción musical de decenas de artistas, algunos conocidos y otros menos, las redes, se vieron sacudidas con las letras y ritmos de muchos géneros; trova, rap, rock, entre otros, para conformar un álbum de música auto convocada.

En medio de una sublevación encabezada por jóvenes y en plena era digital, los creadores de contenido para redes, bloquegros, tuiteros, facebukeros, youtuberos igual se hicieron presentes con sus opiniones, análisis y propuestas. En medio de la infinidad de casos, son de destacar el medio Bacanalnica y su creador, Manuel Díaz, quien popularizó el apodo de “Masacrín” para referirse a Ortega, o el del “reino batracio” para sus fieles seguidores y quien nos acostumbró a los “4 gatos de sus lectores” a los resúmenes informativos de algunos de los principales hechos políticos sobre el país, tales como las sesiones ante la OEA para tratar las violaciones del régimen nicaragüense a los derechos humanos. También los casos de Xiskya Valladares (la monja tuitera), Yáser Morazán, uno de los activistas sociales con más seguidores en FB desde antes de las protestas, que nos compartió incansablemente variadas propuestas para la resistencia cívica, y el del youtuber Juan Pablo Gómez con sus análisis críticos, ambos desde Nicaragua primero y en sus exilios posteriormente.

Artistas también fueron quienes hicieron de las formas de protesta, piezas de ingenio e inspiración: entre otras, quienes convirtieron las barricadas de los tranques en monumentos a la imaginación y la entereza, llenaron de globos o papelillos azul y blanco las calles, cuando las marchas fueron ilegalizadas, quienes pintaron también de azul y blanco las aceras de sus barrios, quienes parodiaron y ridiculizaron en videos caseros a los represores del pueblo, quienes hicieron máscaras y disfraces, quienes en ocasión de la celebración a la Virgen crearon altares “vandálicos”, quienes se pintaron el “pico de rojo “ en una famosa campaña que se hizo viral a partir del ejemplo de una vieja luchadora social, así como todos los colectivos, grupos y personas, quienes le dieron más de doce mensajes de “saludo” a uno de los rostros más infames de la represión, el Comisionado General Ramón Avellán, atrapado durante dos semanas en el cuartel de la Policía de Masaya.

[1] Una muestra de fotos se puede ver en este especial de la Revista Niu: https://niu.com.ni/100-fotos-100-dias/ . También otras expresiones artísticas en: https://niu.com.ni/protestas-nicaragua-artistas-musicos-ilustradores/

[2] Una galería de caricaturas a un año de abril pueden verse en: https://www.despacho505.com/unanoenabril-las-12-caricaturas-de-px-molina-que-retratan-a-la-tirania/

[3] 30 de estas piezas se escuchan en: http://www.managuafuriosa.com/cancionero-de-sosnicaragua/ y para un especial sobre el tema visita: https://ondalocal.com.ni/especiales/517-la-protesta-se-hizo-cancion/

Las y los cronistas

Aquí están los rostros, lentes y plumas de quienes expusieron y en algunos casos como el de Ángel Gahona, dieron sus vidas para divulgar información y romper el cerco noticioso, se preocuparon por la veracidad de los hechos al divulgar información sobre la represión y sus respuestas, protegieron el derecho de otros a expresarse y mantuvieron los canales de diálogo, incluso con aquellos que no pensaban cómo ellos. Me refiero a los voceros y reporteros ciudadanos, los periodistas y foto reporteros de medios de comunicación consolidados, pero también de los medios nuevos y alternativos, que surgieron en medio de la crisis.

Vale destacar por ejemplo a las integrantes de la Caravana Informativa de Solidaridad con Nicaragua, integrada por 3 mujeres jóvenes activistas que se dieron a la tarea de explicar en primera persona la represión y las graves violaciones de derechos humanos que se cometieron en Nicaragua desde muy al inicio de la crisis, en varias ciudades europeas y posteriormente en Sudamérica.

Rostros distintivos fueron también los de Miguel Mora y Lucía Pineda, periodistas del Noticiero 100% Noticias, quienes estuvieron presentes en la cobertura de las protestas que encendieron la mecha el 19 de abril en Camino de Oriente, a quienes les destruyeron y robaron equipos en este incidente y quienes a raíz de su postura crítica posterior, fueron acosados, hostigados, hasta finalmente ser apresado durante 6 meses, además de ocupar y silenciar ilegalmente su medio. Otros periodistas de trayectoria como Luis Galeano de Café con Voz, el controvertido Jaime Arellano, Aníbal Toruño de Radio Darío, Carlos Fernando Chamorro y el equipo periodístico de Confidencial y los programas de TV Esta noche y Esta Semana, quienes también fueron víctimas de asedio, persecución, destrucción y confiscación de sus medios y quienes tuvieron que salir al exilio, algunos temporalmente.

A la crónica en resistencia se sumaron también algunos comunicadores de medios oficialistas que renunciaron al inicio de las matanzas en señal de protesta. Y como ya dicho, muchos medios alternativos e independientes surgieron o se reforzaron para dar cuenta de lo que pasaba y pasa en el país, combinando en algunos casos el género periodístico con los artículos de opinión, tales como Artículo 66, Despacho 505, Nicaragua investiga, La Lupa Press, Managua Furiosa, Gato Negro, Radio Onda Local, Red colectiva, revista Niu, y más recientemente 4to Mono y Revista Abril. El desafío en este campo, es que estas voces que surgieron o se ajustaron al calor de las protestas, ayuden a construir una nueva forma de ejercer el periodismo, la investigación y el análisis crítico, en una sociedad donde prácticamente todo está por reconstruirse.

Los y las cuidadoras

“No he nacido para compartir el odio, sino el amor” (v.523)

Antígona al responder a su tío, el rey Creonte quien le reclama por haber enterrado a su hermano Polinices, señalado como el traidor, el renegado, el alborotador.

En un contexto de irracional represión primero y de criminalización extrema después, cuidar de los cuerpos y de sus derechos, se convirtieron no solo en actos supremos de solidaridad y amor, sino también en actos de desobediencia y resistencia. Aquí están los rostros y las manos en su gran mayoría anónimos, de quienes contribuyeron desde dónde y como podían , compartiendo lo que tenían para ayudar a otros, desde familias, amigos, vecinos, hasta desconocidos, dentro o fuera del país. Como resultado de estos actos, muchas de ellas y ellos también fueron apresados, despedidos, hostigados y obligados a salir al exilio.

Fueron parte de los y las cuidadoras, quienes limpiaron las calles o repartieron bolsas de agua durante las marchas, devolvieron los botines de los saqueos o los impidieron, dieron de comer a los atrincherados. También los médicos y paramédicos que atendieron a los heridos en puestos improvisado o en centros privados y públicos, a pesar de las prohibiciones en estos últimos; quienes abrieron sus casas para refugiar a perseguidos convirtiéndolas en casas de seguridad; quienes abrieron sus puertas en otros países para acoger a los exiliados; quienes financiaron cirugías o atención médica para los heridos, comida, útiles escolares para familiares de presos o víctimas; quienes recopilaron información sobre los muertos, los presos, los desaparecidos para transmitirlos al mundo, quienes actuaron como mediadores y consejeros; quienes ofrecieron consuelo y soporte espiritual, las y los defensores de derechos humanos, los y las abogadas que defendieron incansablemente a los presos políticos y siguen buscando justicia para los muertos y desaparecidos. Son tantos y tantas, conocidos en sus barrios, comunidades y espacios públicos que me abstengo de personalizar.

Conclusión inevitable: el mito sobre el surgimiento de una “oposición” política congruente con los orígenes y manifestaciones de la sublevación

«Tenemos que apañárnoslas para simultanear la defensa y el ataque: resistir la ofensiva del presente y, además, encontrar un espacio para construir el futuro que precisamos. Decir que no y que sí al mismo tiempo.
Pero antes… es necesario que examinemos con mirada resuelta y lúcida el punto en que estamos y cómo hemos llegado a esta situación, y también de qué maneras es más probable que, a corto plazo, las cosas se pongan mucho peor aún…
Cartografiar este territorio es duro, pero es la única forma de evitar repetir pasados errores y alcanzar soluciones duraderas.»

Naomi Klein

Desde el regreso a la presidencia de Daniel Ortega en 2007 me ha mortificado el uso del término oposición por parte de su régimen, para referirse a las personas que criticaban su forma de ejercer el poder.

En primer lugar por su propósito descalificador. La descalificación permanente se hizo evidente desde el inicio, cuando se popularizó el término “culito rosado” y se recuperaron calificativos de los años 80 como “vende patria” o “agente del imperio”. Siempre desde referencias mega ideologizadas, ancladas en un pasado, que ya poco tenía que ver con el presente y menos con el futuro, así como centradas en atacar y anular a la persona y no a las ideas, hechos o argumentos que exhibían.

Además de la descalificación explícita, me molestaba el término oposición porque para mí se centraba en lo negativo y no reconocía el espíritu de cambio, la defensa de principios o los derechos detrás de las críticas. Incluyendo el derecho a ejercer la crítica misma.

También me crispaba la asociación entre oposición y partidos tradicionales. Cómo si para ser opositor al gobierno, se tenía que militar obligatoriamente en una organización política. Creía que era posible hacer oposición a partir de la ciudadanía y desde trincheras totalmente cívicas, aunque no existieran las condiciones para ello.

Cuando en abril de 2018, irrumpieron las múltiples expresiones de indignación y actuación, primero individuales y luego colectivas, las vi como la expresión de esa oposición cívica imaginada y la esperanza para romper el círculo vicioso de las continuidades históricas que hoy encarnan mejor que nadie el régimen orteguista: culto al caudillo, indiferencia por la democracia y ejercicio del autoritarismo desmedido.

Paulatinamente sin embargo una percatación empezó a hacérseme evidente: lo que estábamos viendo, eran expresiones autónomas de sublevación, desobediencia y resistencia popular, movidas por la indignación, el dolor y un profundo sentido de humanismo y justicia y, no por ninguna agenda política o ideológica específica y mucho menos, con una estrategia, organización y recursos, capaces no solo de cumplir con los reclamos de justicia y democracia, sino sustituir al régimen.

Así lo confirman entre otros, los cientos de testimonios sobre las razones por las cuales la gente se volcó a las calles, el tipo de consignas coreadas al inicio de la crisis, como la de “solo el pueblo salva al pueblo”, el hecho que muchos de sus participantes se reconocieran provenientes de familias sandinistas, el uso de la bandera nacional como símbolo y el auto nombramiento como movimiento auto convocado.

También como ya vimos, los rostros iniciales de este movimiento, se nutrieron principalmente de jóvenes y de pobladores de barrios y comunidades. Durante eternas semanas no hubo un solo político tradicional, ni personas que participaran en nombre de las organizaciones formales a las que pertenecían, lo hicieron si acaso, a título personal, sin usar ninguna de sus banderas específicas. Las principales excepciones pudieron ser las de los movimientos campesinos y las de organizaciones de mujeres, que llevaban años movilizándose social y políticamente.

Este movimiento plural, con liderazgos nuevos y naturales, ha ido modificándose en el tiempo, pero no ha dejado de arrastrar el peso de una opinión pública que le ha exigido alcanzar más de lo que le era posible, creando así el mito, pero también la frustración y el reclamo, de convertirse (o no), en una oposición política congruente con los orígenes y manifestaciones de la sublevación.

Me interesa destacar tres fenómenos en la construcción del mito:

  1. El régimen ha moldeado la “oposición” que le conviene tener

Una vez pasado el asombro, si una cosa le quedó claro al orteguismo era el riesgo que la sublevación de abril representaba para su sobrevivencia. A las expresiones auto convocadas, a los liderazgos naturales multicentrados, basados en valores y conductas ejemplares con las que se pueda identificar la gente, siempre les ha tenido pavor el régimen porque no logra descabezarlas, rendirlas o cooptarlas con facilidad y se vuelven en un peligroso ejemplo. Por ello, dirigió una represión y asedio mortal, que continúa hoy en día y que entre otras, formuló al vapor una ley antiterrorista, que con la complicidad y subordinación de todos los poderes del Estado y las fuerzas policiales, llenó de rehenes políticos las cárceles y juzgados, para usarlos como “monedas de cambio” una vez que empezaron las negociaciones.

No es para nada casual entonces, que los principales rostros de los asesinados, desaparecidos, permanentemente acosados y presos políticos con las condenas más bárbaras fueran de jóvenes idealistas y permanentemente dispuestos, pobladores de barrio o ex guerrilleros y militantes con capacidad de organización y movilización, respetados líderes campesinos, periodistas con amplias audiencias, gente del pueblo capaz de pequeños pero inmensos gestos. A pesar de algunos actos de acoso, ninguna de estas terribles situaciones fue vivida por líderes de partidos políticos, figuras reconocidas del ámbito público o representantes de las organizaciones empresariales, que fueron señaladas en distintos momentos de estar “detrás” de la sublevación, o a decir del régimen, “golpe de estado”.

Por el contrario, fue a este último tipo de actores que el régimen permitió ser parte de las negociaciones oficiales, particularmente a raíz del Diálogo 2.0, mientras que en el Diálogo 1.0, a pesar que realizó algunos vetos, no pudo controlar el ingreso de los grupos emergentes de la sublevación (especialmente estudiantes y campesinos). Una vez sin embargo, que Ortega y sus secuaces fueran humillados públicamente por los mensajes “antidiplomáticos” de Lesther y Medardo y mientras enredaba a los dialogantes, mediadores y opinión pública nacional e internacional para ganar tiempo, se preparaba para fraguar la venganza de las operaciones limpieza, las campañas de “vamos con todo” y “plomo” y la ley anti terrorista, que aplicó las peores condenas a quienes consideró traidores, o capaces de disputarle legitimidad en la única cancha que considera importante: las calles. Así logró también, sacarlos del diálogo.

  1. La sublevación se transformó en oposición tradicional cuando los “de siempre” y los “forzados” se convirtieron en los interlocutores autorizados

“…y justo entonces, en esos momentos de crisis revolucionaria, cuando creen inventar algo nuevo, algo que nunca antes ha existido – justo entonces se visten con los disfraces de épocas pasadas”

Karl Marx

En otros sectores el movimiento auto convocado también generó perplejidad y suspicacia, al mostrar acciones de un liderazgo creativo y contestatario y no, el jerárquico, vertical y sumiso al cual estaban acostumbrados. Temieron también ante la posibilidad que la ira popular pero también la continuidad de la represión, arrasara con muchos de los arreglos económicos y políticos, cocinados en años de colaboracionismo.

Los espacios ficticios de un “diálogo civilizado” vendidos por el régimen y comprados por una sociedad agotada y traumada por la represión y falta de libertades y por una comunidad internacional que no dispone de estrategias para dictaduras tropicales, fueron envueltos, sobre todo a partir del Diálogo 2.0, por los hilos de intereses y actores que jugaban en las ligas de una oposición convencional y en algunos casos, convenenciera.

A estos espacios entraron “los de siempre”, figuras reconocidas del ámbito social y político, que en varios casos, habían sido camaradas, voceros o funcionarios de Ortega durante su primer mandato, pero también representantes de organizaciones con trayectoria de oposición política formal, aderezados con débiles representaciones del movimiento estudiantil y campesino que venían del primer diálogo.

También entraron “los forzados” por las circunstancias, especialmente instancias de representación y líderes del gran o mediano sector empresarial, quienes no pudieron mantener más el mito del “populismo responsable”.

Los colores de la sublevación había llegado a su fin y empezaba el momento de una oposición formalizada, que más bien parece buscar el gris de la restauración. Con ello, poco a poco la demanda que el dictador debía irse, fue sustituida por el de adelanto de elecciones, para pasar después a elecciones transparentes en la fecha que toca, el reclamo de liberación de los presos como pre condición para un diálogo, para una negociación posterior.

  1. La prevalencia de ingenuidad, voluntarismo y pensamiento mágico en el imaginario colectivo

Finalmente, si algo ha aprendido por las duras la sociedad nicaragüense en estos dos años, en especial el grupo de jóvenes que ingresó abruptamente a la arena política, es que muchas veces “decir no, no basta” por mucho que el impulso para el no, sea totalmente legítimo y las formas de hacerlo, valientes y creativas.

Se ha subestimado el poder del régimen, la inutilidad de los sistemas de gobernanza internacional y se ha apostado voluntaristamente a salir por una vía rápida e indolora o crear unidad a toda costa, en una sociedad con muchas desconfianzas y rupturas previas.

También parece haber algo de pensamiento mágico cuando se espera con ansias, al tiempo que se decepciona en grande, que el dictador que mató a tantos, aparezca después de 34 días de ausencia en medio de una pandemia global y no dirija un mensaje contundente como “mandatario responsable.” Aún así, la desobediencia y la resistencia siguen tercas, recordándonos que la construcción de caminos alternativos, son siempre una cuestión colectiva.

3 comentarios en «Nicaragua: los rostros de la resistencia»

  1. Gracias por combinar sentimiento y razón, en esta semblanza del incierto camino del principio de un nuevo fin en nuestro país

  2. Ausencia del papel protagónico de las mujeres de todas las edades. Omisión de las luchas y la presencia feminista.

  3. Guadalupe: gracias por compartir. Sentimientos encontrados, porque, desde hace 70 años o más, vivimos esa realidad en nuestro país, por eso la entiendo, por eso me toca. Un abrazo desde Colombia

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